viernes, 7 de marzo de 2008

NO ME ACOSTUMBRO, por JULINA

No me acostumbro a la crueldad humana, a la indiferencia, al especismo brutal que asola esta sociedad. No me acostumbro a pesar de ser una constante durante todos estos años de lucha animalista. No me acostumbro al maltrato, al abandono, a la tortura, a la asquerosa prepotencia de nuestra raza humana. Y cada uno de estos actos, me golpea; algunos como empujones que hacen que me tambalee, y otros como tremendas bofetadas que me hacen caer. Hoy he recibido una de esas bofetadas:

Iba a buscar a Adèle a la guardería al mediodía cuando en el carril de incorporación a la autovía de Ademuz vi algo parecido a un perro negro en el arcén, sujetándose como podía con las patas delanteras. No pude parar allí porque tardé en reaccionar, probablemente porque no entendía cómo todos los coches que iban delante y detrás de mí no hicieron ni el más mínimo movimiento, como si fuera un trapo. Y como no es la primera vez que confundo animales con trapos y demás basurillas que tiran a la calzada, di la vuelta en el primer cambio de sentido, pidiendo por favor que no fuera un animal, rogando que mi vista me fallara una vez más, pero no.
Cuando llegué al lugar había un chico al lado de un precioso cachorro de perro de unos tres meses de edad que estaba tirado, hipotérmico, sin poder ponerse en pie (no sé si por lesión en las patas traseras o en la columna). El chico hablaba por teléfono con la guardia civil que le indicaba que si el animal no estaba obstaculizando ya enviarían a alguien a lo largo del día. A lo que el chico respondió que el animal estaba agonizando, que cómo iba a dejarlo allí. Yo estaba tan preocupada por el perro que apenas despotriqué, me concentré en llamar, con mi pulso tembloroso, a la clínica de la SVPAP para que llamaran al móvil del refugio (que es confidencial) y les avisaran que iba para allá con un cachorro grave. Envolví a ese saquín de pellejo y huesos, frío como un témpano, en mi cazadora y corrí hacia el refugio, dándole las gracias al chico por su interés.
Al llegar al refugio Nuria, la veterinaria, me dijo que estaba muy mal, le cogió una vía, le puso suero, calmantes y no sé cuántos pinchazos de qué se yo. El refugio cierra por la tarde con lo que me preguntó si yo podía llevarlo al Centro de Adopción de Animales que sí permanece abierto. Le dije que por supuesto, pero ella se lo pensó mejor al ver el estado del animal. Me dijo que ella lo llevaría porque lo veía tan mal que no sabía si iba a llegar, y si por el camino se ponía peor le tendría que eutanasiar.
Me quedé un rato más, desolada, acariciando a ese pequeño angelín negro de tan sólo tres meses de edad. Maldiciendo al mal nacid@ que le abandonó, o que abandonó a su madre, al mal nacid@ que le atropelló en plena luz del día en una carretera con un hermoso arcén donde parar y socorrerle, a tod@s l@s mal nacid@s que pasaron de largo obviando la agonía de un ser vivo y siguieron tan felices con sus absurdas vidas, y al mal nacido agente de la guardia civil para el que la vida de un perro no merece un simple desplazamiento a no ser que suponga una molestia o peligro para los seres humanos.
Nuria me tranquilizó diciéndome que ya estaba sedado, que ya no sufría, que a veces animalinos que a priori están tan mal después salen adelante y que si no era así, al menos no tendría una muerte dolorosa. Quedé en llamarla el lunes, para preguntar por él.

Y ahora estoy aquí, sintiendo la necesidad de escribir esta historia que me ahoga en el pecho. No sólo por mi angelín negro, si no por tant@s otr@s animales que mueren con terribles sufrimientos en las carreteras ante la indiferencia y el total desinterés de los animales racionales. Porque para ellos son seres de segunda cuyas sus vidas están en sus manos, y las aplastan sin ningún remordimiento.
-¡Uy! ¿Eso que hemos lanzado por los aires era un perro o un gato?
-No sé, pero era pequeño, no habrá hecho ningún desperfecto al coche. Por cierto, ¿hoy qué te apetece comer? ¿Carne o pescado?

Pues tengo un mensaje para tod@s vosotr@s: yo no soy la que tengo una sensibilidad especial, sois vosotros los insensibles. Yo no tengo ningún problema, pero vuestra actitud sí es un problema, y por más empujones y bofetadas que me deis, me levantaré y seguiré maldiciendo vuestra crueldad. Y seguiré protegiendo a mis iguales. Y recordaré a mi angelín negro, aquel que para vosotros no fue más que un trapo, porque jamás conseguiréis que me acostumbre.

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